Tú dices: “Soy rico, me va muy bien y no necesito nada”. Y no sabes que eres un desdichado, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro purificado en el fuego, para que seas rico. Cómprame también ropa blanca, para que te vistas y no se vea la vergüenza de tu desnudez; y colirio para ponerte en los ojos, para que veas.
Apocalipsis 3:17 y 18
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Oro, ropa y colirio
Laodicea estaba orgullosa de sí misma. Según el historiador romano Tácito, después de un fuerte terremoto hacia el año 60 la ciudad se reconstruyó sin ayuda de Roma. Había bancos, se vendía una lana negra y brillante, y cerca había una conocida escuela de medicina. Muchos intérpretes creen que Cristo toca a la ciudad justo ahí.
Lo tienes todo, piensa la iglesia. Pero Cristo ve pobreza, desnudez y ceguera. Lo más doloroso es esto: no lo sabes. Y sin embargo, es un consejo, no una sentencia. Ven a comprarme a mí, dice.
Pregunta para hoy
¿Qué no veo de mí mismo, que quizás otro ve desde hace tiempo?
Oración
Señor, me creo capaz de arreglármelas solo. Unge mis ojos, para que me vea como tú me ves. Amén.
Mi oración
Con tu propia reflexión · solo en este dispositivoUna de las 491 palabras de Jesús de este sitio, desde el templo hasta Apocalipsis. Ver todas las palabras en orden →