¡Ay de ustedes, hipócritas, maestros de la ley y fariseos! Son como tumbas pintadas de blanco: vistas desde afuera parecen bonitas, pero adentro no hay más que huesos de muertos y toda clase de inmundicia. Lo mismo pasa con ustedes: ante la gente aparentan ser gente recta, pero por dentro rebosan de hipocresía y maldad.
Mateo 23:27 y 28
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Blanqueados
Un mes antes de la Pascua judía, la gran fiesta de la primavera, en Jerusalén y sus alrededores se blanqueaban con cal los sepulcros. No para que se vieran bonitos, sino como advertencia. Según la ley, quien tocaba una tumba quedaba impuro y no podía celebrar la fiesta. Los miles de peregrinos tenían que poder ver bien los sepulcros.
Blanco y cuidado por fuera, muerto por dentro: esa imagen la entendía cualquier peregrino. Es una frase dura, dirigida a los maestros de la ley y a los fariseos, pero el riesgo lo conocemos todos: una apariencia impecable que esconde lo que de verdad vive en ti. Quien lo admite con honestidad puede empezar de nuevo.
Pregunta para hoy
¿Qué escondo detrás de una buena fachada?
Oración
Señor, ante ti no tengo que aparentar nada. Límpiame por dentro, y dame valor para ser honesto. Amén.
Mi oración
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