Mete la espada en la vaina, porque el que usa la espada morirá por la espada.
Mateo 26:52
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Guarda tu espada
En el arresto, uno de los discípulos sacó su espada y le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote. Juan da los nombres: era Pedro, y el siervo se llamaba Malco.
Jesús lo detuvo. Lucas cuenta que tocó la oreja y la sanó. Su último milagro antes de morir fue para alguien que venía a arrestarlo. No respondió a la violencia con violencia, sino con sanidad.
Pregunta para hoy
¿Dónde echo mano de una espada, en palabras o en hechos?
Oración
Señor, sanaste la oreja de tu enemigo. Enséñame a guardar mi espada y a sanar en lugar de herir. Amén.