Pondré en tus manos las llaves del reino del cielo. Lo que tú ates aquí en la tierra quedará atado también en el cielo, y lo que tú desates aquí en la tierra quedará desatado también en el cielo.
Mateo 16:19
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Las llaves de la casa
En aquel tiempo, una llave era señal de autoridad. En el libro del profeta Isaías, Eliaquim, mayordomo del palacio, recibe sobre su hombro la llave del palacio de David: si él abre, nadie cierra; si él cierra, nadie abre. El mayordomo decidía quién entraba.
En la enseñanza judía, atar y desatar significaba prohibir y permitir. Pedro recibe, pues, una responsabilidad en la casa de Dios: mostrar a otros el camino para entrar. En el primer Pentecostés, cuando habló de Jesús ante una multitud en Jerusalén, hizo justo eso. Para miles de personas se abrió entonces la entrada a la fe.
Pregunta para hoy
¿Ayudo a otros a encontrar la puerta hacia Dios, o les estorbo el paso?
Oración
Señor Jesús, tú abriste la puerta del reino. Enséñame a ayudar a otros a entrar. Amén.
Mi oración
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