Las setenta semanas de Daniel
El Antiguo Testamento
Pasadas las sesenta y dos semanas, un ungido será eliminado y se quedará sin nada. El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. El fin llegará como una inundación, y hasta el final habrá guerra: destrucciones ya decididas.
Daniel 9:26
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En el Nuevo Testamento
Pero cuando llegó el momento señalado, Dios mandó a su Hijo, que nació de una mujer y bajo la ley.
Gálatas 4:4
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Setenta «semanas» están determinadas para acabar con el pecado y expiar la iniquidad. Tras un número fijo de semanas desde la orden de reconstruir Jerusalén, viene un ungido; después se le quita la vida, y la ciudad y el santuario son destruidos.
El Nuevo Testamento no cita este texto directamente; las referencias de arriba son indirectas. Setenta semanas de años son 490 años. Todo depende del decreto persa que se tome como punto de partida: el del año 458 o el del 445 antes de Cristo. Así, muchos cálculos cristianos llegan a una fecha entre el año 27 y el 33 después de Cristo, la época del ministerio de Jesús. Otros intérpretes leen el texto como referencia a la crisis bajo el rey sirio Antíoco IV, en el siglo segundo antes de Cristo. Es una de las profecías más discutidas.